Darse de baja en la Civilización Europea

           En los días posteriores a la celebración de las pasadas elecciones al Parlamento Europeo, se analizó la fuerte abstención que se dió en esta ocasión,  igual, por otra parte, a la que se viene produciendo en otros procesos de igual naturaleza. Las palabras más empleadas en todos los artículos, columnas, editoriales y tertulias  que aparecieron sobre ese fenómeno  de escasa participación fueron: sorprendente o paradójico.

          Pues bien, ni una cosa ni la otra. No es sorprendente ese comportamiento ciudadano en el ejercicio de los derechos democráticos,  porque se viene repitiendo en casi todas las elecciones que se realizan en el ámbito de la Comunidad Europea. Tampoco es paradójico cuando nada sabemos de las propuestas que los políticos recogen en sus respectivos programas, ni del distinto modelo de Europa que unos y otros partidos propugnan.

          No lo es, sobre todo, cuando apenas hay ningún acontecimiento musical, deportivo, gastronómico o artístico que fomente la categoría de ciudadano europeo o el concepto de identidad europea.

 

           Es unánime la opinión de que Europa,  como ente supranacional – y no solo como área geográfica- se empezó a construir por el tejado, esto es, fueron sus gobernantes los que propiciaron la firma de acuerdos entre las altas instituciones de sus países para el desarrollo industrial (sobre el carbón y el acero) o el intercambio comercial (eliminación de tasas aduaneras). Sin embargo, nada se ha hecho para crear y desarrollar un sentimiento europeísta por encima de regionalismos y nacionalismos trasnochados, pese a que en general,  los habitantes del continente conocen la trascendencia que Europa tiene en la vida diaria de cada uno de nosotros.

          Es imperativo ya, que políticos y gobernantes arbitren medidas que desarrollen y fomenten  un sentimiento europeísta,  una conciencia de  pertenencia a la civilización europea,  basada, entre otras razones, en unos antecedentes históricos duales – románicos y germánicos –  y en la existencia de dos vías de comunicación (marítimas) básicas para el comercio en la antigüedad como son el Atlántico y el Mediterráneo . La Union Europea  ha alcanzado unas metas individuales y sociales únicas y diferenciadoras: la libertad, la democracia, la igualdad, los derechos sociales, la tolerancia, el respeto a la diferencia…; que son admiradas e imitadas por el resto de los paises del mundo. 

          Es urgente ya, que los medios de comunicación se refieran,  a la condición de europeo de cualquier habitante del continente  cuando, por ejemplo, hablan de celebridades  y sus actividades (deportivas, artísticas e intelectuales) y no a su nacionalidad dentro del mismo. Esos  medios hablan,  de un norteamericano o un suizo, más que  de un tejano o un  tirolés,  y  por el contrario, usan los vocablos   alemán o francés más que el de  europeo, para referirse a uno de nosotros.

           Es necesario ya, por una parte que escritores, periodistas, sociólogos, filósofos e intelectuales en general  y por otra que deportistas, cocineros, músicos y artistas propongan acontecimientos, festivales, competiciones y cualquier tipo de evento lúdico-festivo que fortalezca el sentimiento de pertenencia a la civilización europea frente a localismos obsoletos, por una parte y, frente a otras áreas del mundo, por otra.

          Como no lo hagamos así van a conseguir que sigamos absteniéndonos, que nos demos de baja como ciudadanos de la Unión Europea.

           ¿Se puede? 

Por fin Rajoy no raja

           Sabemos que aquí, en España, como en cualquier otro lugar, la unidad de las fuerzas políticas es fundamental para luchar, con éxito, contra cualquier forma de terrorismo.

          La horrible muerte de la última victima de ETA, ha tenido la virtualidad de unir a Zapatero y Rajoy , o al menos, de escenificar esa unidad, tantas veces invocada – por separado – por cada uno de ellos ante el pueblo español en general y frente a la base social  del grupo abertzale en particular.

         ¡ Acudieron al funeral del policía asesinado en el mismo avión ¡ No hace más de un par de semanas el PP, con su Secretario General a la cabeza, montó una bronca parlamentaria y mediática mayúscula por el uso que Zapatero hacia del avión presidencial. Hoy, viajan juntos (a partir un piñón) en la misma aeronave.

         Llegaron al lugar del sepelio casi al mismo tiempo, pese a que viajaban, ahora sí, en comitivas separadas. ¿Cabría atribuir esta coincidencia horaria a la casualidad?

         No nos lo parece, ambos hechos tan excepcionales en la vida política española  deben responder más bien, a la conclusión de varios acuerdos, alguno de los cuales, habrá de ser reservado o no escrito; imprescindibles para que el Partido Popular apoyara la investidura de Patxi López y posibilite el gobierno de Euskadi por el PSOE.

        Por fin, Rajoy apoya sin paliativos (sin rajar) al Gobierno que toca en la lucha antiterrorista. Felicitémonos todos y felicitémoslos a ellos.

 

           SOBRE LA MAYORIA DE EDAD

           No hace mucho tiempo, en este país, las mujeres jamás la alcanzaban.  Parecería que Franco hizo real, para ellas, el sueño de la eterna juventud, pero no, no nos confundamos, mas que vivir uno, en realidad se sufría una pesadilla: cualquiera que fuese su edad, la mujer necesitaba, durante toda su vida,  la autorización de un varón (padre o marido) para realizar un sinfín de actos normales en la existencia de cualquier  individuo. Sin el permiso de un macho no podían, por ejemplo, comprar una casa ni mucho menos venderla.

          Para otro tipo de asuntos, veintitrés años era el límite a partir del cual se reconocía que las hembras alcanzaban su mayoría, mientras que para el hombre – ya sabemos que maduran mucho antes que la mujer – se establecía en veintiún años.

 

          Como vemos, la respuesta a la cuestión sobre la edad en la que se es mayor, o expresada en términos jurídicos, sobre la edad a la que se tiene plena capacidad de obrar, no es pacífica en el tiempo, depende de la época en la que se viva, ni aséptica, siempre hubo una intencionalidad ideológica en su regulación y casi siempre en contra de la independencia e igualdad de la mujer.

           Hoy, según las leyes españolas, cualquier persona – incluso la de sexo femenino-  con dieciséis años, sin necesidad de permiso paterno ni materno, puede dar un riñón, una parte de su hígado o un pulmón, puede decidir también,  tener relaciones sexuales con el cura de la parroquia o quedarse embarazada del vecino de enfrente.

          Y, si puede decidir por sí sola todas estas cosas – sin que hasta ahora nadie se haya escandalizado por ello- ¿no podrá interrumpir ese embarazo? ¿no podrá abortar ? o lo que  es más grave si cabe ¿no podrá tomarse la píldora del día después?.

          Esta píldora, por lo que sabemos y contrastamos con algún amigo farmacéutico, tiene menos efectos secundarios que los anticonceptivos orales femeninos y para que se entienda también por los varones, tiene menos contraindicaciones que la aspirina. No siendo además,  para vergüenza de la jerarquía católica y sus acólitos, un abortivo, porque según su propio pensamiento, hay vida desde el mismo instante de la fecundación del óvulo. Pues bien, con esta pastilla del día después lo que se produce es la bajada de la menstruación, la eliminación del óvulo, precisamente antes de su fecundación, por tanto aún no hay vida.

          Dejemos pues, con talante cristiano, sin espanto ni doble moral, sin egoísmo ni machismo, que las personas a las que la Ley les reconoce capacidad de obrar en esas cuestiones; decidan sobre ellas por sí mismas. Otra cosa es, que esos chicos de dieciséis años de edad quieran pedir ayuda o consejo a sus padres, amigos o al cura de la parroquia.

 

« Página anteriorPágina siguiente »